Todo lo que necesitas saber acerca del Palacio de Lecumberri

Palacio de Lecumberri

De unos años hacia acá, me he convencido de que la Historia de México que aprendes en los libros de texto está sesgada. Así que, como mexicanos, tenemos la obligación de indagar más, pero sobre todo, de explorar los sitios más importantes, como el Palacio de Lecumberri. Solo de esta manera estaremos más cerca de la verdad.




Palacio de Lecumberri

El Palacio de Lecumberri, o “Palacio Negro” como se le conocía durante sus años como Penitenciaría de México, es uno de los recintos culturales e históricos más interesantes de la capital, el cual se conserva en buen estado gracias a sus diversas remodelaciones y por albergar el actual Archivo General de la Nación.

Al llegar, los bustos del ex presidente Francisco I. Madero, así como del ex vicepresidente José María Pino Suárez, te dan la bienvenida, para que te des una idea de lo que verás durante tu recorrido y de los conocimientos que aguardan por ti tras sus muros.

Su nombre y construcción

El nombre del Palacio de Lecumberri proviene del apellido de un personaje español, quien fue dueño del terreno donde ahora se erige, y creemos que le va a la perfección con la ostentabilidad y tamaño del edificio, tal como le gustaban a Porfirio Díaz, en ese entonces presidente de México.

Tal como lo anuncia su propia fachada, la construcción duró un total de cinco años, pues comenzó en 1895, siendo el 29 de septiembre de 1900 cuando se dio su inauguración formal. Su edificación corrió a cargo de los ingenieros Antonio Torres Torija y Miguel Quintana.

Archivo General de la Nación

De 1900 a 1976, el Palacio de Lecumberri fue la principal prisión de la ciudad. Pero en 1982, y después de su adaptación y remodelación, este recinto se convirtió en sede del Archivo General de la Nación y puede ser visitado por investigadores y público en general.

Según el sitio El Souvenir, en 2016 la UNESCO otorgó el reconocimiento “Memorias del Mundo” a unos mapas indígenas y coloniales que se encuentran dentro del acervo de la Inquisición. También tiene una biblioteca pública, una hemeroteca y una librería para quienes están ávidos de conocimiento.

Su interesante acervo histórico

No teníamos idea de lo extenso que era su acervo histórico, hasta que nos contaron durante la visita guiada que si se unieran todas las páginas que aquí se albergan -más de 17 millones de documentos-, alcanzarían un total de 53 kilómetros de extensión.

Pero lo más interesante es que puedes consultar desde el Acta de Independencia de 1810; Los Sentimientos de la Nación, firmado por José María Morelos y Pavón (él no los redactó de su puño y letra, sino un escribano; sin embargo, tiene su rúbrica) e incluso la Constitución Política de 1917.





Exposiciones permanentes

Te recomiendo aceptar la visita explicada por alguien que te pueda dar información más específica sobre lo que puedes ver en las salas de exposiciones. Aquí incluso se encuentran algunas de las banderas que se utilizaron durante diversos momentos históricos de México, como la del Ejército Trigarante, de 1821.

Tendrás acceso a datos interesantes acerca de los símbolos patrios y la creación del Himno Nacional Mexicano; así como una muestra de los distintos escudos nacionales a lo largo de los años. ¡Simplemente no te lo puedes perder! Te refrescará la memoria de manera muy grata.

Sus tiempos como prisión

El Palacio de Lecumberri es hoy un edificio luminoso, con grandes jardines y muy amable para el visitante. Sin embargo, no siempre fue así. Durante sus años como cárcel llegó a sobrepoblarse, al grado de tener hasta 20 reclusos en una celda de escasas dimensiones.

En un principio, fue una cárcel mixta y estaba planeada para un máximo de mil 500 personas, aunque esto claramente no se respetó. Al final solo aceptaba hombres y eran hacinados debido a la falta de espacio. Se dividía en diferentes crujías, a las que los presos eran enviados de acuerdo al delito que habían cometido.

Su estructura era de forma panóptica y algunas de las celdas no contaban con techo; de esta forma podían ser vigilados día y noche desde los torreones norte y sur, sin tener ningún tipo de privacidad. Se dice que debían aguantar las inclemencias del clima e incluso dormir parados cuando ya no cabían más.

Si deseas conocer un espacio similar a éste, no te pierdas este post donde hablamos del Centro de las Artes, en San Luis Potosí

El asesinato de Francisco I. Madero

No cabe duda de que si estas paredes hablaran, contarían mucho más de lo que se plasma en libros o documentos oficiales. Una de las partes más escalofriantes del recorrido por el Palacio de Lecumberri es el lugar donde fueron ejecutados Francisco I. Madero y José María Pino Suárez, el 22 de febrero de 1913 y cuyo episodio se conocería como “La Decena Trágica“.

Sus cuerpos sin vida fueron trasladados a la morgue, donde ahora solo queda una placa conmemorativa y no se puede entrar, ya que es una oficina con acceso restringido.

Detrás de esta barda fueros asesinados Madero y Pino Suárez

Personajes famosos que pasaron por aquí

Pudimos comprobar que pocas personas saben de los diversos personajes famosos que adornaron este centro penitenciario. El mismísimo Pancho Villa estuvo encerrado del 7 de junio al 7 de noviembre de 1912, por los cargos de robo e insubordinación.

También el muralista mexicano, David Alfaro Siqueiros fue apresado en la década de los 60, pues presuntamente trató de cometer homicidio en contra de León Trotsky; aunque otros documentos históricos indican que fue por disolución social contra el gobierno del entonces presidente Adolfo López Mateos.

Pero es al escritor José Revueltas a quien se recuerda casi en calidad de ídolo tras los muros de Lecumberri, por liderar el movimiento estudiantil que precediera la matanza del 2 de octubre de 1968 por parte del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz.

Hoy en día incluso penden fotografías suyas de los muros ahora abiertos y durante su estancia escribió ‘El Apando, un libro que por supuesto ya queremos leer.

Los jardines de Lecumberri

Al culminar el interesante recorrido, puedes volver a las salas de exhibición o disfrutar del aire fresco en los jardines del Palacio de Lecumberri, mientras reflexionas y procesas toda la información que acabas de recibir de un bombazo.

Hay algunas bancas a tu disposición y un área para fumar, me parece una forma exquisita de terminar la visita, pero no sin antes digerir todo lo que alguna vez allí aconteció. Por obviedad no era un sitio muy feliz, aunque ahora la historia es muy distinta.

Tips para visitar el AGN

  • El horario de visitas guiadas es limitado, pero abre sus puertas de lunes a viernes, de 9 am a 5 pm; sábados, de 10 am a 5 pm y es cuando más te recomiendo ir, hay poca gente y lo disfrutarás más, aunque no podrás acceder a las áreas de consulta.
  • Si llegas en automóvil, la entrada es por la calle Héroe de Nacozari. El estacionamiento es gratuito, solo te registras con tu nombre y listo.
  • La entrada al Archivo General de la Nación es totalmente gratuita.
  • Puedes tomar fotografías con cualquier tipo de cámara, solo se pide que su utilización sea sin flash.
  • Al llegar, te registras en el módulo de información y al salir debes poner tu hora de salida.
  • Si llegas en transporte público, hay una estación de Metrobús cercana (Líneas 4 y 5), cuyo nombre es también “Archivo General de la Nación”; o bien, la estación de metro San Lázaro.
  • De lunes a viernes, la biblioteca y hemeroteca están abiertas al público. Para consultar otros documentos históricos, necesitarás credencial de investigador, que puedes tramitar aquí mismo.
  • Para más información, puedes consultar sus redes sociales: Facebook o bien en Twitter para ponerte en contacto directo.

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Maru White Autor

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